Farbod Youssefi – Class 1986

Motivado por la pobreza y las sacrificadas condiciones en las que trabajan quienes se dedican al rubro de la agricultura, Farbod Youssefi entró a estudiar Agronomía a la Universidad Católica en 1987. Hoy, radicado en Washington, ha estado liderando un programa del Banco Mundial que evalúa y compara el ámbito legal y regulatorio agrícola de distintos países, además de trabajar con los gobiernos de más de 30 naciones para impulsar reformas que mejoren las políticas agrarias de cada país.

¿Qué es lo que te motivó a estudiar Agronomía?

El afán de trabajar por las masas de la población global dedicadas a esta actividad, pero que viven en condiciones de pobreza (a nivel mundial cerca de 80% de los pobres trabajan en el rubro). Muchos asocian la agronomía con el deseo de trabajar en el campo y con la naturaleza. Aunque, sin duda, son elementos que me agradan, siempre me sentí especialmente atraído por la posibilidad de alcanzar a ese masivo grupo – hoy en día mas de un cuarto de la fuerza laboral global – que a menudo trabaja en las condiciones más sacrificadas por alimentarnos, pero que el sistema actual no reconoce, aprecia ni compensa adecuadamente.

¿Qué es lo que más recuerdas de tu paso por la Universidad?

La calidad de los vínculos humanos, con compañeros y profesores, la variedad de los estilos pedagógicos a los que uno está expuesto, y lo mucho que aprendí, en la sala de clases y fuera de ella. Siendo baha’i, era prioritario para mi apreciar y disfrutar la diversidad que existía en nuestra comunidad universitaria, y aunque noté los riesgos de la polarización si permitíamos que nos permeara, mi experiencia fue muy positiva. En ocasiones, consideré lo especial que sería volver a trabajar a la Universidad, pero los vientos soplaron en otra dirección.

Desde que comenzaste a trabajar en el mundo de la agricultura, ¿Qué es lo que más ha cambiado?

Aparte de la limitación e incluso el agotamiento de recursos naturales para producir alimentos para una población creciente (partí la carrera con 5 mil millones de habitantes en el mundo y ya estamos llegando a 8 mil millones), nuestra comprensión del efecto de nuestros sistemas de alimentos en el cambio climático y del cambio climático sobre nuestros sistemas de alimentos ha despertado a pasos agigantados. Nuestra forma de ver los sistemas de alimentos era más simplista y unidimensional, girando primordialmente en torno a elementos como la seguridad alimentaria o el negocio agrícola. Hoy en día, se piensa en forma más integrada, incluyendo conceptos de sostenibilidad e impacto climático, la transformación estructural, inclusividad a lo largo de las cadenas alimentarias, la adecuación de la dieta humana, e incluso la institucionalidad adecuada. El escenario inmediato se ve algo sombrío, pero nos está obligando – y tal vez estamos ante el umbral de alguna transformación – a reconfigurar nuestra forma de producir, distribuir y consumir alimentos, incluyendo con un uso acelerado de tecnología digital que hasta la fecha ha sido integrada al sector con alguna timidez.

Dado todo lo que ha sucedido con la crisis sanitaria, ¿Cuál es tu visión futura sobre la industria agrícola?

Necesita de cambios profundos e integrados, en todos los niveles – desde la producción y comercialización, hasta el consumo. Ya se sabía que el sistema actual no era eficiente, resiliente ni sustentable, y nos preguntábamos acerca de los cambios necesarios. Contamos con un sistema a nivel global en que el costo de alimentarnos (12 billones de dólares) sobrepasa el valor de mercado de lo que arroja (10 billones de dólares). Pero, con la crisis actual han ocurrido dos cosas: se han manifestado y acentuado los puntos críticos en nuestra agricultura, y se ha producido un requiebre que brinda la oportunidad de reconfigurar el sistema de alimentos. O acogemos la oportunidad, o nos mantenemos vulnerables a colapsos en un futuro no lejano.

¿Podrías contarnos un poco de lo que realizas en el Banco Mundial?

He estado liderando un programa del Banco Mundial que mide, evalúa y compara el ámbito legal y regulatorio agrícola de unos 100 países, emitiendo resultados en un informe global: Enabling the Business of Agriculture. Parecido al reconocido informe del Banco llamado “Doing Business”, que ejecuta el mismo ejercicio en una dimensión más general, mi programa se enfoca en la agricultura y los agronegocios de los países. Aparte de trabajar en el desarrollo técnico de la herramienta que provee este sistema de puntuación y análisis, uno de mis roles principales ha sido trabajar con los gobiernos y otras entidades nacionales en más de 30 de estos países para impulsar reformas que mejoren el ámbito de políticas agrarias de cada país y facilite la actividad de los protagonistas en las cadenas alimentarias.

Con el objetivo de que sea quien se encargue de algunos programas de agricultura del Banco Mundial en la región de Asia, a Farbod se le asignó un nuevo puesto en Nueva Delhi, lugar a donde se trasladará cuando las condiciones globales estén más normalizadas.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar en el Banco Mundial?

Maravillosa. Aparte de que me ha provisto de la mejor oportunidad de cumplir mis metas profesionales, reconectándome con el espíritu original que inspiró mi decisión de involucrarme en la agricultura, el Banco Mundial es una institución excepcional en tantos sentidos. Te provee y hace participe de una visión global, te facilita herramientas técnicas y financieras para lograr un impacto, prioriza la aplicación del conocimiento y el rigor de un método de trabajo de suma calidad, te integra con personas muy diversas y a la vez extremadamente capaces, te vincula con muchos de los que trabajan por el mismo fin global y te da acceso a quienes están en una posición de influencia en los diferentes países y a nivel global. Aunque es una organización grande y naturalmente debe funcionar dentro de muchos parámetros burocráticos, permite intervenciones importantes y a escala. La exigencia diaria es muy alta, en muchos sentidos, pero asimismo es abundante el aprendizaje y la inspiración que provee.

¿Cómo es el Chile con el que sueñas?

Un Chile que cuida y potencia a su comunidad, mientras se enfoca en un crecimiento equilibrado e inclusivo; un Chile que piensa en forma innovadora, plantea modelos, demuestra dinamismo, acoge experiencias y armoniza diversos puntos de vista; un Chile que ocupa un espacio distintivo en el escenario global y prioriza aportar al pensamiento y al diálogo internacional; un Chile caracterizado por su positivismo y constructivismo, que se preocupa por la gama de sus recursos humanos y naturales, que provee oportunidades y motivación para que todos puedan y quieran aportar desde su realidad, que reconoce su potencial pero demuestra una sabia modestia, que coloca su unidad por sobre todo y canaliza su diversidad.

 

Fuente: Entrevista Alumni UC